GRÁFICOS DE LA CONTAMINACIÓN

Según información del Registro Nacional de Municipalidades (RENAMU) del Instituto Nacional de Estadística e Informática [4], en el periodo 2011-2022, el porcentaje de municipalidades que informaron respecto a la existencia de elementos que originan contaminación ambiental en su jurisdicción se elevó de 88,3 % en 2011 a 92,8 % en 2022 (un incremento en 4,5 puntos porcentuales), alcanzando un pico en 2015 (97,1 %) y mostrando un sostenido aumento desde el año 2017 hasta 2022, pues aumentó en 5,2 puntos porcentuales desde su mínimo histórico de 87,6 % en dicho año. Esta evolución se puede observar en la Figura 1.

Figura 1. Perú: evolución de municipalidades que informaron sobre los elementos que originan contaminación ambiental, en el periodo 2011-2022 1/ (porcentajes).
Nota. 1/ El porcentaje que se calcula respecto al total de municipalidades. Elaboración Ceplan a partir de los datos del INEI [4, 5].


Según el elemento contaminante informado por los municipios [4] se encontró que, en el periodo 2011-2022, si bien hubo un aumento en aquellas municipalidades que informaron distintos elementos contaminantes, se observa una leve mejora en comparación del 2021. Es así que, la Emisión de gases de vehículos motorizados, que pasó de 32,6 % en 2011 a 39,4 % en 2021, cae a 35,4 % en el año 2022 (+2,8 p.p. respecto a 2011). Sucede lo mismo con Acumulación y quema clandestina de basura y rastrojos, que se elevó de 49,6 % en 2011 a 60,4 % en 2021 para descender a 57,8% en 2022 (+8,2 p.p. respecto a 2011). De igual manera, en el caso de Aguas residuales, de 45,4 % en 2011 se eleva a 47,9 % y se nivela en 47,1 % en 2022. Con mayor notoriedad, la Crianza de animales domésticos sin control muestra una mejora para el año más reciente, pues de 46,2 % en 2011, se eleva a 46,5 % en 2021 y desciende a 41,8 %. Es decir, cae en -4,4 puntos porcentuales.
Figura 2. Perú: municipalidades que informaron sobre los elementos que originan contaminación ambiental, según elemento contaminante, en los años 2011 y 2022 (porcentajes) 1/.
Nota. 1/ El porcentaje que se calcula respecto al total de municipalidades. Elaboración Ceplan a partir de los datos del Registro Nacional de Municipalidades 2011-2022, del INEI [4, 5].


Cabe mencionar que, en el caso del recurso hídrico, el Perú cuenta con el 1,89 % del agua dulce mundial y alberga, aproximadamente, 1 768 172 metros cúbicos anuales, destacándose por su abundancia hídrica. Sin embargo, esta riqueza no se distribuye uniformemente, con un 98 % del recurso en la sierra y selva, mientras que solo un 2 % se encuentra en la costa, donde reside el 70,0 % de la población. Así, la desigualdad en el acceso a servicios de agua potable y saneamiento persiste, siendo más notoria en áreas rurales y periurbanas, donde solo el 3,2 % de la población rural accede a agua tratada proveniente de la red pública, comparado con el 48,7 % en áreas urbanas. Además, se reportó una falta de plantas de tratamiento de aguas residuales en el 35,1 % de las localidades de las entidades prestadoras de servicios de saneamiento (EPS). La contaminación, proveniente de diversas actividades como la minería, energía, pesca e industria, afecta la calidad del agua y los ecosistemas, con 4,708 fuentes contaminantes identificadas a nivel nacional en 2017, principalmente por vertimientos de aguas residuales domésticas y municipales [6].
En línea con lo anterior, se aprecia en la Figura 3 que las descargas de aguas residuales domésticas sin tratamiento han venido disminuyendo a lo largo del periodo 2011-2021. Es así que, en el 2017, llegó a su mínimo histórico de 234 millones, que, si bien aumentó a 268 millones en 2019, ha descendido, nuevamente, en los años más recientes. De esta manera, en 2021, se registró 255 millones de metros cúbicos de aguas residuales, una disminución de casi el 50,0 % respecto a lo reportado en 2011 (539 millones de metros cúbicos).
Figura 3. Perú: evolución de descargas de aguas residuales domésticas sin tratamiento, en el periodo 2011-2021 (millones de metros cúbicos).
Nota. Elaboración Ceplan a partir del Anuario de Estadísticas Ambientales 2021, del INEI [7].


La Ley que regula los pasivos ambientales de la actividad minera [8] define a los pasivos ambientales como instalaciones, desechos, vertidos o depósitos de residuos que se originaron en actividades mineras pasadas o actualmente inactivas. Estos representan un riesgo continuo y posible tanto para la salud de las personas como para el entorno natural que los rodea, además de afectar la propiedad en la que se encuentran. En este contexto, según Aragón [9], se puede apreciar que el Perú se distingue por su marco normativo para enfrentar los pasivos ambientales, incluyendo los mineros e hidrocarburíferos, a diferencia de sus países vecinos. Sin embargo, a pesar de contar con estas regulaciones, la gestión efectiva de los más de 8000 pasivos mineros enfrenta limitaciones económicas y fallas en la identificación de los responsables, lo que impacta negativamente en el entorno social y ambiental del país. La minería ilegal continúa representando un riesgo significativo, evidenciado en informes financieros que señalan que este sector ha estado involucrado en el 59 % de los delitos identificados, sumando un total de USD 8172 millones.
De acuerdo con el Anuario Estadístico Ambiental del Ministerio de Energías y Minas [10], los sitios contaminados por la liberación de materiales o residuos de la actividad minera presentaron una tendencia creciente en el periodo 2010-2018, pues pasó de 6855 en 2011 a 8791 pasivos ambientales en 2018; sin embargo, en el periodo 2018-2022 la tendencia fue decreciente, en 2022 se registraron 6903 pasivos , como se muestra en la siguiente figura. Este cambio entre 2011 y 2022, a nivel departamental, puede apreciarse en la Figura 5, donde regiones como Lima o Puno han visto más que duplicar o incrementar en 30,0 %, respectivamente, su tamaño de pasivos ambientales mineros. Por el contrario, también hay casos de notable mejora, como es el caso de La Libertad, departamento que disminuyó su valor en el 2022 (182) a su tercera parte del 2011 (487). Asimismo, Cusco disminuyó a poco más de la mitad sus casos de pasivos, pues pasó de 507 a 240 entre el 2011 y 2022, respectivamente.
Figura 4. Perú: evolución de pasivos ambientales mineros, en el periodo 2010-2022 (número).
Nota. Nota técnica: no se cuenta con datos en el año 2017, se prescindió del dato del año 2016. Elaboración Ceplan a partir del INEI y Minem [7, 11, 12, 13].


Figura 5. Perú: evolución de pasivos ambientales mineros por departamento, en el periodo 2010-2022 (número).
Nota. Nota técnica: no se cuenta con datos en el año 2017, se prescindió del dato del año 2016. Elaboración Ceplan a partir del INEI y Minem [7, 11, 12, 13] y [10].


En la Tabla 1, se muestra la evolución del número de municipalidades que informaron sobre la existencia de elementos que originan contaminación en su jurisdicción en el periodo 2013-2022, y las tendencias fueron mayoritariamente crecientes. Los departamentos que presentaron mayor incremento fueron: Lima (44,0 %), Huánuco (25,0 %), Callao (16,7 %), Ucayali (13,3 %), Tacna (12,0 %) y Ayacucho (11,1 %). Por el contrario, los departamentos que presentaron una reducción fueron: Madre de Dios (-9,1 %), Moquegua (-5,3 %), y Pasco (-3,6 %). Además, en 2022, los departamentos que mayor número de municipalidades que informaron la existencia de elementos que originan contaminación fueron Lima (9, %), Áncash (8,3 %), Junín (6,9 %), Cajamarca (6,7 %) y Ayacucho (6,3 %), los cuales concentraron el 37,3 % del total de municipalidades que informaron acerca de elementos contaminantes.
Tabla 1. Perú: municipalidades que informaron sobre elementos que originan la contaminación ambiental, según departamento, en el periodo 2013-2022 (número).
Nota. Elaboración Ceplan a partir de los datos del Registro Nacional de Municipalidades 2015-2020, del INEI [4, 5].


La contaminación del aire en Lima tiene su origen en dos causas principales, según afirma Contreras [14]: las fuentes de contaminación, como el transporte y la industria, y las condiciones climáticas que pueden esparcir o concentrar los contaminantes. El transporte público, especialmente por parte de los vehículos antiguos, es el mayor generador de mala calidad del aire, seguido por un sector industrial con insuficiente control; así también, el uso predominante de combustibles fósiles, que representa un 79,6 % del consumo energético en el país, incluyendo el gas natural, contribuye significativamente. Los patrones de viento acentúan la contaminación en áreas como Carabayllo y Lima Este, agravado por la falta de vegetación y la escasez de lluvias que no actúan como limpiadoras naturales. Estacionalmente, en invierno, los vientos dispersan más los contaminantes, mientras que, en verano, al ser más débiles, mantienen las partículas en suspensión en el aire.
Cabe señalar que más de uno de los distritos de Lima Metropolitana (como San Juan de Lurigancho, Vitarte, Santa Anita y Carabayllo) fueron considerados como las ciudades de América Latina con la peor calidad de aire debido a las altas concentraciones de partículas contaminantes [15]. En relación con lo anterior, en la Figura 6 se muestra que el promedio mensual de partículas inferiores a 10 micras en el aire se incrementó de manera alarmante en las zonas de monitoreo de Lima Norte (+34,5 %), Lima Sur (+14,5 %) y Lima Este (+68,4 %). Es así que, en 2021, Lima Norte (127,3 microgramos por metro cúbico) fue la zona más contaminada de Lima Metropolitana, seguido de Lima Sur (74,4 microgramos por metro cúbico) y, por último, Lima Este (72,9 microgramos por metro cúbico).
Figura 6. Lima Metropolitana: promedio mensual de partículas inferiores a 10 micras en el aire, según en 2011 y 2021 (microgramo por metro cúbico).
Nota. Elaboración Ceplan a partir de información del INEI [16].


De acuerdo con el CEPLAN [2], el cambio climático proyecta un panorama desafiante para el futuro, amenazando la biodiversidad y los bosques tropicales. Se estima que para 2050, alrededor del 57,0 % de las especies de árboles en la selva amazónica estarán en peligro. Este cambio afectará a las futuras generaciones con un aumento de la temperatura global, el ascenso del nivel del mar y variaciones extremas en las precipitaciones, entre otros eventos climáticos. Globalmente, se predice que más de mil millones de personas podrían enfrentar escasez de agua y eventos climáticos extremos para mediados de siglo. En el contexto peruano, estas tendencias señalan problemas como la degradación ambiental, pérdida de bosques y mayor vulnerabilidad ante desastres naturales, afectando tanto los ecosistemas como la economía nacional. Sin embargo, se vislumbra un cambio hacia economías más sostenibles, impulsadas por el crecimiento en el uso de energías renovables y la posible estabilización o reducción en la demanda de recursos, promoviendo la reutilización de materiales y la adopción de nuevas tecnologías.
A nivel de América Latina, en 2022, Perú (23,5 ug/m3) fue el país con mayor nivel de contaminación del aire, con una clasificación de "Perjudicial para grupos sensibles", de acuerdo con el ranking elaborado por IQAir. No obstante, pese a esta etiqueta, el Perú experimentó la mayor mejora neta al disminuir su concentración media anual de PM2,5 en 6,1 ug/m3 respecto a otros países, lo cual representa una disminución del 21,0 %, hasta 23,5 ug/m3. Cabe resaltar que, de los países analizados en el reporte, se puede apreciar que las concentraciones promedio anuales de PM2,5 mejoraron en 12 ug/m3. Como se puede observar en la Figura 7, se ubican después del Perú, los países de Chile (22,2 ug/m3), México (19,5 ug/m3), Guatemala (18,6 ug/m3) y Colombia (15,7 ug/m3), todos dentro de la misma clasificación "Perjudicial para grupos sensibles".
Imagen de ficha
Figura 7. América Latina: ranking de la calidad del aire, en 2022.
Nota. Nota técnica: ug/m3 = microgramos por metro cúbico, PM2,5 consiste en partículas de aerosol que miden 2,5 micras de diámetro. Adaptado a partir de "World Air Quality Report 2022", de IQAir [15].


La Evaluación del Desempeño Ambiental de Perú, respaldada por la OCDE desde 2016, subraya la necesidad de equilibrar el progreso económico con la conservación de la riqueza natural. Para alcanzar un crecimiento sostenible, es crucial adoptar las recomendaciones orientadas a áreas como políticas públicas, financiamiento sostenible, gestión del conocimiento y colaboración multiactor, buscando la articulación entre gobierno, sector privado, sociedad civil y academia. Además, ante las urgentes advertencias del informe del Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU sobre la reducción rápida de la contaminación por dióxido de carbono y la eliminación de la dependencia de combustibles fósiles, es esencial actuar sin demora para evitar daños irreversibles por el cambio climático y mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C para preservar el futuro [ 9, 17 ].